b
no me necesitas, no me necesitas
b
no me necesitas, no me necesitas
a
no me no me no me no me
b
no me necesitas (x infinito)
g -------------------------------------e
te veo no estás, te escribo me respondes mal (x infinito, y vuelta al inicio)
g -------------------------------------e
treinta horas durmiendo, pensando en no pensar-te (x infinito, y vuelta al inicio)
g--------------------------- e
esperas furiosas el viento no lo siento (x infinito, y vuelta al inicio)
-------------------------------------
todo siempre exagerando-ando, nunca lo voy a reconocer. aparte ahora.
giugno 29, 2008
maggio 24, 2008
Contradicciones vespertinas
invierno corazón de manos y ojos incapaces de separarse abrazos de pasto besos de frío narices adictivas insistentes unidas a bocas silenciosas en abrazos de sobrevivencia "dilo" se dice a sí mismo pero las palabras siempre mueren en la garganta "total el mirarse es suficiente el compartir la respiración y compararse los dedos dicen siempre más tanto más" y se despiden y él rompe el récord de salto alto a la vuelta de la esquina sonrisa deforme incluída pero con el miedo a la ausencia tan presente esa dependencia en la distancia que lo asusta porque es ahí donde entiende que su baraja consiste en una sola solita carta "dilo" se dice a sí mismo pero para qué si se pueden quitar el frío con la mirada si pueden enredar los labios cansados en un chicle generoso y planificar peinados caseros mientras los asaltan con cortesía "total" se termina diciendo sentado y coiffeur y su perfume en las manos que en la micro ya lo empiezan a torturar pero las conversaciones fomes con la gente fome me van a salvar de pensarla y pensarla.
agosto 26, 2007
haciendo mía las canciones (parte 1)
los barcos - gepe (gepinto, 2005)
"es como morirse de pena por algo, también".
es más como inmunizarse después de tener toda la pena, después de saturar de pena los pasillos, los brazos y las mandíbulas, y resignarse a una soledá imbarajable, a fracturas tetradimensionales, a ropas que nadie ve.
"entusiasmo. entusia-as-mo".
quizá va por ahí. está, pero se va así tan putito, tan culiao. como manejado por un tercero, alguien que me quiere seguir viendo mal, mal y solo, solo y triste. vamo' a ver quién es el que me quita el entusiasmo, quién se disfraza de mike ott, de jefe, de consuelo, de no.
"los barcos se van y vienen acá/ disfrutan la orilla y luego se van".
los barcos con entusiasmo, con luz y con gente súper bacán, y la orilla soy yo y siesque me disfrutan, pero se van al toque, seguro que no soy puerto. se abastecen de mí, pero no soy puerto, no soy. en cambio los barcos con pena y con miedo, uy, cuánto se quedan los hijosdepu.
"es como morirse de pena por algo, también".
es más como inmunizarse después de tener toda la pena, después de saturar de pena los pasillos, los brazos y las mandíbulas, y resignarse a una soledá imbarajable, a fracturas tetradimensionales, a ropas que nadie ve.
"entusiasmo. entusia-as-mo".
quizá va por ahí. está, pero se va así tan putito, tan culiao. como manejado por un tercero, alguien que me quiere seguir viendo mal, mal y solo, solo y triste. vamo' a ver quién es el que me quita el entusiasmo, quién se disfraza de mike ott, de jefe, de consuelo, de no.
"los barcos se van y vienen acá/ disfrutan la orilla y luego se van".
los barcos con entusiasmo, con luz y con gente súper bacán, y la orilla soy yo y siesque me disfrutan, pero se van al toque, seguro que no soy puerto. se abastecen de mí, pero no soy puerto, no soy. en cambio los barcos con pena y con miedo, uy, cuánto se quedan los hijosdepu.
maggio 11, 2007
la voluntad
Ya no obligo a nadie a nada. Pero quizá son (fueron) los ochenta, y la gente no acepta comúnmente a los que aspiran a más, y no en un el la acepción meritocrática de la palabra, sino en esas ganas de querer saber más y porque sí, porque es rico, porque se camina más liviano. Pero no, que te las dai de intelectual, qué hacís leyendo, vamos a un completo. Negar con la cabeza, negar con la cabeza. Uno no elige nada nunca en ninguna parte, todo es impuesto y hay algunos que tienen la cuea y se besan con niños(as) que se visten bien y que comen sano. Pero yo no, y cuando rocé la cuea, después de meses de preproducción relacional, fuerzas vialactinas abortaron la misión, se fue todo a la mierda y dale del principio.
Y el hecho de ser solo, de ir al cine solo y de enfrentar las caras y los días y las páginas solo es quizá más una opción y no tanto una mala cuea. Hay de pronto una decisión instintiva, asegurada y muy vanidosa de evitar a los que sé que son capaces de contrapesar mis voluntades conversacionales, a esos que estoy seguro que si les meto cháchara va a nacer un diálogo decente y propio, descontaminado de las risas viscerales o de las diplomáticas (ambas igual de vomitables), y lleno en cambio de direcciones, aunque también de miedos de perder, de quedar como un tontito, como uno de esos que se visten mal, que sólo tienen pelota y películas de james cameron en su céfalo, y ser uno de los cuales me burlo. En una de esas por eso me relaciono con un gran racimo de conformistas, mediocres, flojos, hedonistas, sedentarios, inconcientes (entendiéndolo como incapaces de captar que su realidad no es la única y que no todos tienen la suerte de ver tele y comer y andar en auto y viajar a mendoza los findes largos), prejuiciosos, desletrados, hipócritas, pajeros, secaturos, retardados, machistas, racistas, homofóbicos y alaracos. Porque así me puedo sentir
el tipo más inteligente que conozco
el tipo más prometedor que conozco
el tipo más caminador que conozco
el tipo más sediento-de-teoría que conozco
el tipo más no-igual que conozoco (pero también)
el tipo más fome que conozco
el tipo más pasivo que conozco
el tipo más cura-gatica que conozco
el tipo más indeciso que conozco
el tipo más idiota que conozco
por lo que no soy nada, voy así como tratando de variar intrascendente y pianamente los pequeños órdenes de pequeñas personas, cosa que se acuerden de mí cuando menos lo quieran, y yo no me acuerde de ellos nunca, y así logre la ubicuidad y la perpetuidad in the minds of the others.
Y el hecho de ser solo, de ir al cine solo y de enfrentar las caras y los días y las páginas solo es quizá más una opción y no tanto una mala cuea. Hay de pronto una decisión instintiva, asegurada y muy vanidosa de evitar a los que sé que son capaces de contrapesar mis voluntades conversacionales, a esos que estoy seguro que si les meto cháchara va a nacer un diálogo decente y propio, descontaminado de las risas viscerales o de las diplomáticas (ambas igual de vomitables), y lleno en cambio de direcciones, aunque también de miedos de perder, de quedar como un tontito, como uno de esos que se visten mal, que sólo tienen pelota y películas de james cameron en su céfalo, y ser uno de los cuales me burlo. En una de esas por eso me relaciono con un gran racimo de conformistas, mediocres, flojos, hedonistas, sedentarios, inconcientes (entendiéndolo como incapaces de captar que su realidad no es la única y que no todos tienen la suerte de ver tele y comer y andar en auto y viajar a mendoza los findes largos), prejuiciosos, desletrados, hipócritas, pajeros, secaturos, retardados, machistas, racistas, homofóbicos y alaracos. Porque así me puedo sentir
el tipo más inteligente que conozco
el tipo más prometedor que conozco
el tipo más caminador que conozco
el tipo más sediento-de-teoría que conozco
el tipo más no-igual que conozoco (pero también)
el tipo más fome que conozco
el tipo más pasivo que conozco
el tipo más cura-gatica que conozco
el tipo más indeciso que conozco
el tipo más idiota que conozco
por lo que no soy nada, voy así como tratando de variar intrascendente y pianamente los pequeños órdenes de pequeñas personas, cosa que se acuerden de mí cuando menos lo quieran, y yo no me acuerde de ellos nunca, y así logre la ubicuidad y la perpetuidad in the minds of the others.
ottobre 23, 2006
Sobre eso
¿Sobre mi vida? Comienza cuando mi cuerpo tenía ya quince años de utilidad. Siendo así, abría que comenzar, como es la mala costumbre, por el principio.
Los padres de mi cuerpo, supongo yo por el resultado, provocaron en una mañana de marzo lo que en una calurosa tarde de diciembre se llevó a cabo. Desde ese momento, el 27 del susodicho mes de 1986, hasta pasados ya tres lustros, mi cuerpo, nominado como Cristóbal Bley Banda, fue habitado por un tipo que no dejó demasiado: estrepitosas subidas de peso, (largos y extenuantes) silencios, mal gusto y discreción, algo de cariño y una personalidad apedreada por los voraces atentados sicológicos de sus contemporáneos. Quince prolongados años de eso y no mucho más. Fútbol en los ojos mas no en los pies, solitarios viernes por las noches y la mínima expresión de amistad. Hasta que, sin explicación aún, arribé a este soma al que se le veía un futuro mejor, en relación a ese pasado tan nada. Fue una invasión, sí, pero a largo plazo, lenta y sin apuro. No se desarrolló como el desembarco en Normandía, sino más bien fue como la Guerra de Arauco, pero en su versión más pacífica. Me tomé todo el tiempo de la vía láctea para desalojar, sigilosa y progresivamente, a este inquilino que tan poco había hecho con un organismo que tenía un potencial decente de acuerdo a mis aspiraciones. Me quedé con sus recuerdos, claro está, para no cometer los mismo errores y para no desencasillar a una familia sólida como una torre de naipes: una carta que se da vuelta y plaf, dos vidas endemoniadamente amables y destruidas se terminan de incinerar en menos de lo que ladra un perro. Pero no, para qué, evitar el incendio de este hogar tan involuntaria pero cariñosamente constituido fue un acierto, si al final los terminé queriendo como si hubiese sido yo el que salió de ese útero, el que provino de esos testículos. Y asimismo me fui apoderando de este cuerpo, aprovechando las circunstancias temporales para provocar un crecimiento físico acorde a los cambios de arrendatario que se estaban llevando a cabo. También modifiqué el tono y el volumen de una voz que solía ser débil; eliminé esa detestable costumbre de masticarse los dedos y desarrollé, en cambio, una merma en el peso que inclinó algunas miradas ingenuas. No se pudo con todo: el descontrol capilar fue imbarajable, lo mismo que la fineza en las extremidades o esa timidez que desespera y aburre y termina con todos los sueños y desvelos sentimentales. Pero todavía queda tiempo para evolucionar, se ha avanzado ya un trecho. Fue duro, a pesar de lo minucioso, el cambio de mando. Mi llegada no fue tan bien recibida, y los días de abisal soledad, que las sillas y el cuaderno, la rubia que hace como que mira y luego sin mirar dice que quizá, que te he mirado, y un coqueteo a distancia que casi provoca la dilatada autodestrucción. Días soleadamente oscuros, con zapatos que apretaban y con un salvador, el fru que llegó justo a tiempo, invitándome a tomar esa decisión que tan pocos toman, y que por timidez y vértigo tampoco tomé. Es que eran alturas infranqueables, y mi falta de apoyo gramatical y metafísico mareaban a cualquiera. Aspiraba a mucho más, pero los días grises de sudor digital y de Niandra Lades, un pasado vacío e insumergible, próspero de inutilidad y de una paz tan vaga como aburrida, días con sabor a pomelo inmaduro, a silla escolar y a alfombras verdes; noches interminables, sentado acostado tirado desparramado en un suelo madrugador que no respondía, en un segundo piso crujiente, con gritos casi sonámbulos que obligaban a una respuesta incontestable en una estadía inútil que sólo prolongaba esos sueños que parecían tan reales, que era cosa de estirar el bazo y alargar los dedos masticados para tocarlo, para tenerlo y quizá sentirse realizado. Pero no, la timidez y esos sueños son sólo sueños y ni siquiera, un sueño tiene tanto de contable.
Pero ahora soy, siempre soy; nunca fui, nunca seré.
Los padres de mi cuerpo, supongo yo por el resultado, provocaron en una mañana de marzo lo que en una calurosa tarde de diciembre se llevó a cabo. Desde ese momento, el 27 del susodicho mes de 1986, hasta pasados ya tres lustros, mi cuerpo, nominado como Cristóbal Bley Banda, fue habitado por un tipo que no dejó demasiado: estrepitosas subidas de peso, (largos y extenuantes) silencios, mal gusto y discreción, algo de cariño y una personalidad apedreada por los voraces atentados sicológicos de sus contemporáneos. Quince prolongados años de eso y no mucho más. Fútbol en los ojos mas no en los pies, solitarios viernes por las noches y la mínima expresión de amistad. Hasta que, sin explicación aún, arribé a este soma al que se le veía un futuro mejor, en relación a ese pasado tan nada. Fue una invasión, sí, pero a largo plazo, lenta y sin apuro. No se desarrolló como el desembarco en Normandía, sino más bien fue como la Guerra de Arauco, pero en su versión más pacífica. Me tomé todo el tiempo de la vía láctea para desalojar, sigilosa y progresivamente, a este inquilino que tan poco había hecho con un organismo que tenía un potencial decente de acuerdo a mis aspiraciones. Me quedé con sus recuerdos, claro está, para no cometer los mismo errores y para no desencasillar a una familia sólida como una torre de naipes: una carta que se da vuelta y plaf, dos vidas endemoniadamente amables y destruidas se terminan de incinerar en menos de lo que ladra un perro. Pero no, para qué, evitar el incendio de este hogar tan involuntaria pero cariñosamente constituido fue un acierto, si al final los terminé queriendo como si hubiese sido yo el que salió de ese útero, el que provino de esos testículos. Y asimismo me fui apoderando de este cuerpo, aprovechando las circunstancias temporales para provocar un crecimiento físico acorde a los cambios de arrendatario que se estaban llevando a cabo. También modifiqué el tono y el volumen de una voz que solía ser débil; eliminé esa detestable costumbre de masticarse los dedos y desarrollé, en cambio, una merma en el peso que inclinó algunas miradas ingenuas. No se pudo con todo: el descontrol capilar fue imbarajable, lo mismo que la fineza en las extremidades o esa timidez que desespera y aburre y termina con todos los sueños y desvelos sentimentales. Pero todavía queda tiempo para evolucionar, se ha avanzado ya un trecho. Fue duro, a pesar de lo minucioso, el cambio de mando. Mi llegada no fue tan bien recibida, y los días de abisal soledad, que las sillas y el cuaderno, la rubia que hace como que mira y luego sin mirar dice que quizá, que te he mirado, y un coqueteo a distancia que casi provoca la dilatada autodestrucción. Días soleadamente oscuros, con zapatos que apretaban y con un salvador, el fru que llegó justo a tiempo, invitándome a tomar esa decisión que tan pocos toman, y que por timidez y vértigo tampoco tomé. Es que eran alturas infranqueables, y mi falta de apoyo gramatical y metafísico mareaban a cualquiera. Aspiraba a mucho más, pero los días grises de sudor digital y de Niandra Lades, un pasado vacío e insumergible, próspero de inutilidad y de una paz tan vaga como aburrida, días con sabor a pomelo inmaduro, a silla escolar y a alfombras verdes; noches interminables, sentado acostado tirado desparramado en un suelo madrugador que no respondía, en un segundo piso crujiente, con gritos casi sonámbulos que obligaban a una respuesta incontestable en una estadía inútil que sólo prolongaba esos sueños que parecían tan reales, que era cosa de estirar el bazo y alargar los dedos masticados para tocarlo, para tenerlo y quizá sentirse realizado. Pero no, la timidez y esos sueños son sólo sueños y ni siquiera, un sueño tiene tanto de contable.
Pero ahora soy, siempre soy; nunca fui, nunca seré.
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